viernes, 13 de enero de 2017

Rysopis (Señas de identidad desconocidas- Identification Marks). Jerzy Skolimowski. 1964.



Intentar vivir en la época comunista polaca no se diferencia mucho al intentar filmar ya que todo regimen totalitario dispone de ciertas dificultades en su compromiso con su especie de capitalismo de estado, y escapar de ellas en cualquier ámbito te hace ser diferente aún persiguiendo las mismas cosas. El escapismo del personaje de este pequeño film del polaco Skolimowski aventura el propio exilio al que será forzado el propio director ante unas circunstancias de las que no vamos a hablar por aquí. Filmar puede ser una acción identitaria, revolucionaria, contestataria o lo que uno pueda conseguir de un público consagrado a lo establecido.

Vivir el capitalismo de forma diferente es un oximoron, esa especie de locura que recae ante una ictiología o cualquier ciencia o tratado que pretenda ordenar el caos que ordena la moneda. Creer que todo orden pude ordenarnos y clasificarnos como si de peces se tratase hace que concibamos nuestro mundo dentro de la normalidad que aparentemente creamos. Salir de estas creencias cuando la imposibilidad política lo prescribe hace que nos preguntemos aún más los por qué de un ser perdido en las posibilidades lógicas que nuestras sociedades nos prestan.

Perderse puede hacer que te encuentres.

lunes, 9 de enero de 2017

Las letras. Pablo Chavarría Gutiérrrez. 2015.



La palabra es el último reducto del ser humano, esa instancia para comprendernos y darnos un sentido, o eso tendemos a creer dotando a la razón y al juicio de la soberanía y del poder de decisión sobre nosotros. Por ello, la misma historia que aconteció al profesor no puede ser relata cerca del mismo uso que le llevó a la similar prisión de la que el realizador quiere escapar narrando una historia que tiene algo de luz cuando las letras son las que iluminan lo imaginado.

Puede resultar paradójico un resultado tan ambivalente donde la imagen no puede revelar más allá de las propias palabras que determinan el ordenamiento del caos policromático de la sensibilidad, sin embargo siempre se puede esclarecer algo de la indeterminación sensible que captan nuestros ojos pegados a la piel sabia que todo buen conocer recoge. Porque la piel como síntoma del sentir es capaz de aprender y aprehender de cualquier figuración por muy abstracta o realista que ésta pudiese parecer. El acontecer del presente y del pasado, de la realidad y la ficción intentan ser superados en una historia con distinto fin al propio desarrollo clásico, con distinto fin al que sufrió un protagonista disuelto en un pueblo y una razón que se escurren dentro de la propia historia real, en el interior de una ficción sin ella misma.

Fácil de ver puede ser un calificativo escaso, crítico o peyorativo dependiendo de la cualidad de esa facilidad donde entran otros factores como una comprensión que en este caso necesita de ir un poco más allá, de una labor que búsqueda del acontecimiento, del hecho sugerido con unas imágenes que no son nada fáciles de comprender hasta que uno recibe el alumbramiento de aquel acontecer en el que las letras no pudieron reflejar la verdad que sí aconteció.

miércoles, 4 de enero de 2017

El Porvenir (L'avenir). Mia Hansen-Løve. 2016.



¿Son nuestras ideas las que iluminarán el porvenir o lo son nuestros modos de hacer? Esta es la cuestión básica que ronda un film al que se va intuyendo, y al que se le va esperando un final estereotipado, ya que puede serlo dependiendo de la posición que se adopte ante la cuestión límite del film. Una cuestión nada badalí cuando entramos de lleno en el mundo del pensamiento y que, sin embargo, oculta otras preguntas mucho más allá del pensamiento dicotómico que subyace a muchas de las cuestiones que nos presentamos generalmente.

La comunión entre pensar y hacer, entre la preferencia y el acto performativo de la misma no es un hecho donde esa verdad que tratan los alumnos de la profesora burguesa se haga explícita en todos los casos pues el mundo social humano donde ironías, hipocresías y postverdades cercan esa falta de verosimilitud, es mucho más amplio como para caracterizarlo con tal categoría. Y aún necesitamos de ese factor para guiarnos en un mundo donde la deshonestidad gana mucho más en términos del juego que algunos creen que es el vivir en sociedad. Creencias como muchas de las ideas que rondan al pensamiento desde tiempos inmemoriales ya que toda ideología parte de un credo, de un punto al que llegar como si las preguntas primeras hiciesen ese mandato de última búsqueda, de fin. Y hechos, manifestaciones o no de nuestros pensamientos, hechos sociales que invaden todo hacer e impiden esa libertad que siente por primera una filósofa. Hechos futuribles como el niño que puede coaccionar el libertinaje en el que vive ahora el alumno aventajado o el propio nieto donde encontrará la burguesa el mantenerse en ese conservadurismo cuyo fin es que otros sepan pensar, que no hacer.
El animal tiene instinto, el hombre posee el recurso de analizar las cosas, quizá tarde pero con mayor rendimiento (si realmente usa lo pensado).

El film puede ser algo intuitivo en cuanto al desarrollo elemental pero la muestra pausada de un buen lapso de tiempo retrata bastante bien la vida que lleva una mujer de clase media, profesora y editora de filosofía cuya medida vida va a cambiar ¿sin poder remediarlo? Toca diferentes temas desde diferentes perspectivas sin ponerse al lado de ninguna de las ideas allí plasmadas y si bien la previsibilidad del guión puede afectar para el que espera la sorpresa, ésta no tiene cabida en el mundo real que presenta Mia, con una gran realización para mostrarnos estados de ánimo, hechos, hipocresías y verdades dentro de cada una de las aristas que rozan los temas de una buena película.