miércoles, 3 de agosto de 2016

Coherence. James Ward Byrkit. 2013.



No anda desencaminada la coherencia hasta que el gato es multiplicado a las últimas consecuencias de una teoría que sólo nuestra poderosa imaginación es capaz hoy de vislumbrar apenas dados los limitados hechos que puede poner en juego. De ahí que la cinta a la vez que avanza va perdiendo un poco esa coherencia verosímil para adoptar definitivamente la poética de misterio con la que se inicia y plantear unas dudas que el propio relato soporta en su infinitud de casos.

Pero la cinta rezuma un aire fresco ante las limitaciones que propone una teoría como la de Schöringer y con ocho personajes y un salón el director logra crear desde ese ambiente mistérico una historia que no necesita de explicaciones adicionales a pesar de su flaco final donde la apertura deja claro que las realidades se construyen, que lo vivido, soñado, imaginado, acaso no es si no aquella reminiscencia de un azar que a nadie deja indiferente sin aún saberlo. Las elecciones parecen determinaron tanto como los hechos y algunas palabras, sin embargo, la falta de información en estas,  el deseo que mueve a la acción, los movimientos de otros, el susurro nunca dicho, la cobardía del instante... Todo fluye y puede fluir, todo posibilita la cinta, no la vida.

Ciencia ficción, con pocos medios y con una historia dentro de la coherencia que el propio título indica, que le baila a muchas de las grandes superproducciones del género donde el efectismo es trasladado a culmen artístico. Sólo por ello merece el vistazo.

lunes, 1 de agosto de 2016

Paulina (La Patota). Santiago Mitre. 2015.



Entender, atisbar el conocimiento, las causas de algo, es principalmente uno de los motores del mundo, del llameado progreso y de todo aquello indispensable para el ordenado funcionamiento de la sociedad. O al menos eso puede creerse desde que el entramado científico coloniza la razón para administrar un mundo social de igual modo que el natural. Sin embargo, el mundo humano escapa a esas maniobras numéricas que impone el orden para regular de diferente modo un mundo social impregnado de aquellos interrogantes que abre una hipocresía siempre presente y un desconocimiento general creciente del origen o causas del desorden reinante. Y en esas, nuestra protagonista vuelca toda una praxis en contra de lo establecido para observar el verdadero motor de una sociedad ajena a la explicaciones no cuantificables, adicta a una normatividad que oculta más de lo que debería gracias a la costumbre, que con su naturalidad lubrica un progreso falto de un dato de la ecuación.

Paulina comienza como termina, dando una lección de un saber muy alejado de la corriente, muy a la izquierda de la esa zurda que ha querido apropiarse de lo social y cultural para no comprender que el balón también se juega con otras partes del cuerpo. Paulina representa una idea alejada de la pena judicial, de la norma que previene sin conocer el qué o cómo, una idea que sólo desde la empatía puede ser comprendida, alejada de otras ideas que aunque generalmente aceptadas como correctas y buenas, lastran esa comprensión necesaria que Paulina proyecta en sí para intentar otro modo.

Y no podemos olvidar el sustrato principal, el hecho de que sea una mujer la única capaz de protagonizar un film así. No podemos dejar atrás el feminismo que sin hablar está muy presente en la idea general no presentada. Un feminismo que bien puede chocar con la actitud de nuestra protagonista que lejos de claudicar a lo establecido pone en tela de juicio incluso principios básico para toda ideología capaz de mejorar nuestro orden o desorden. Un film inolvidable, imprescindible.


domingo, 31 de julio de 2016

No llores, vuela. Claudia Llosa. 2014.



La vida y su sentido han planteado tantos interrogantes como teorías e ideologías manifiestan su siempre precaria respuesta ante esas preguntas que todo ser nos hacemos independientemente del hecho que se ponga en cuestión como fundamental. La razón, ese instrumento del que todos nos valemos, en mejor o peor medida, tampoco ayuda mucho a esclarecer este hecho de preguntar sin respuesta clarificadora como recetará, recientemente, la ciencia, hija del divino preguntar. Por ello, las respuestas ante lo diferente, ante lo que sale de norma suelen diferir del ámbito corriente, de lo ordinario para intentar discurrir por senderos donde la pregunta reciba esa respuesta anhelada que normalice el sentido de un sentir diferente. Y aunque no corren buenos tiempos para la duda, para lo falso en un mundo solicitante de transparencia y orden inmaculado, también es verdad que el baño posmodernista donde el fundamento es un remanente del líquido mundo conceptual que nos queda, pervierte y advierte al mismo tiempo de ese cariz ideológico de la pregunta por la total transparencia y el supuesto orden social sostenido por el mismo fundamento de unas ciencias creadas dentro del marco que nos posibilita.

Desde este marco interpretar el film presentado por Claudia puede parecer más sencillo pero nada más lejos de la realidad ya que su autora nos recuerda la apuesta por un cine donde los límites no pueden estar marcados por el cierre de una historia, por la visión unívoca del lado que legitima el trabajo o por unos personajes que nos llevan a través de estos anteriores términos para cerrar un diálogo que el arte debería mantener abierto. Un arte que, como en el film, pertenece al amplio campo humano ahora colonizado por esos números que validan todo campo serio y a tomar en cuenta. Un campo humano del que intenta salir el arte, para encontrar el mismo campo pero desde distintas formas de preguntarse sobre él. Lo mismo que ocurre con otras disciplinas donde la asfixia numerológica ha llevado a interrogar esas maneras diferentes de enfrentarse a ciertas realidades donde la vida y su sentido tienen su más sentida pertinencia. Una madre, una vida, un niño, la concatenación y ejercicio reflexivo de los hechos nos llevan a juzgar deterministamente las cosas, pero los prejuicios nunca fueron compañeros de viaje, como tampoco la temeridad o la cobardía, y desde las primeras respuestas entre medios e ideas, jamás lograremos adecuar una sola respuesta al orden de las cosas, a la pertinencia de los hechos, a los deseos de los demás. Lo mismo ocurre en una historia donde tomar partido es quedarse con la respuesta acostumbrada.

La vida, el arte, el amor... cualquier ámbito humano está hecho para el diálogo, para enfrentarse a él, para desenmascarar la parcela que nos interesa y descubrir que las respuestas están en el diálogo, en la sucia lucha agónica que plantea no tener respuestas.