martes, 19 de abril de 2016

El abrazo de la muerte (Criss Cross). Robert Siodmak. 1949.



Cine negro en  estado puro, con todos los elementos que pueblan ese imaginario cinematográfico donde el mal se alía con el espectador para dejar ciertas huellas que alimentan un género a veces tan social como el melodrama más triste. Aquí el flashback que recorre el film alimenta una historia de amor que la dama, vestida con los ropajes de femme fatale, va a destruir del mismo modo que el propio plan delictivo propiciaba un mal plan de vida.

El amor es como un droga y su recaída pasa por volver a los mismos hábitos, a los mismos lugares que condicionan nuestros cuerpos, nuestras actitudes, por eso nuestro antihéroe no va a poder resistir a la tentación de una mujer a la que conoce tan bien como para perder la cabeza de nuevo. El amor y el sentimiento como error, como camino equivocado si no se lleva el mapa, por otra parte inaccesible, que guíe las buenas pisadas en un terreno donde la mujer generalmente representa las curvas peligrosas de una carretera que hay que transitar y cuya amenaza no reside tanto en la otra parte como en otras malinterpretaciones, prejuicios y hechos.

Pero la intoxicación está en esos otros hechos que también por habituales parecen naturales y lícitos pero que esconden otra manera de fatalidad menos palpable que la traición y el egoísmo que personifica la mujer en el género. Una intoxicación cuya recaída aún debe ser prescrita. 

domingo, 17 de abril de 2016

La mujer pantera (Cat People). Jacques Tourneur. 1942.



Sirviéndose de una inventada leyenda sobre los antiguos mamelucos eslavos y el reino de Serbia el misterio de la mujer pantera va a reflejar el miedo que la oscuridad proyecta en el ser humano. Un ser humano, varón en este caso, capaz de enamorarse de una extraña que va a representar, patriarcalmente, el desconocimiento, el recelo, la nocturnidad y todos esos atributos que toda mujer fatal cinematográfica lleva consigo. Y a pesar de la desconfianza que pueda pesar ante lo otro, el propio ser humano es capaz de superar tal efecto para intentar acercar el conocimiento y la experiencia hasta que se da de bruces con una realidad psicológica de primera magnitud, pues a pesar de la igualdad física y jurídica en los mundos interiores de cada cual pueblan existencias tan diferentes que nos llevan a tomar caminos tan diferentes como la prudencia o la temeridad, o las clásicas vías medias.

De ahí la actitud del nuevo enamorado que sirviéndose de su experiencia y trato con otra mujer más cercana a su entorno próximo adopta la prudencia como método para descubrir aquello que el psiquiatra busca en el peligro de la demostración empírica. Dos modos distintos de acercarse a una realidad siempre compleja, desconocida pero siempre atrayendo a su comprensión.

Para el recuerdo esa escena en la piscina donde las sombras se transforman en esa pantera que acabará buscando la propia sumisión que parecen adoptar estas mujeres cinematográficas para redimir su culpa. Una sumisión que flaco favor hace a la imagen de la verdadera mujer, fatal o no, pero aunque esta sea otra historia, no olviden que es la más importante.

jueves, 14 de abril de 2016

Sayat Nova (El color de la granada). Sergei Paradjanov. 1968.



Ya nos advierten que no se trata de una biografía al uso del poeta armenio y rápidamente nos introducimos en una visión elegante de una fusión muy particular, aquella que a través de la mística, de la danza, del baile y el éxtasis une el alma humana a lo sagrado en una especie de epifanía. Así las sucesivas etapas biográficas del poeta van a sugerir el mundo interior del poeta y de una cultura que, si bien se nos escapa por desconocimiento, expresan esa unión sagrada que a veces supera a las propias palabras.

Paradjanov va a hacer de esta fusión un elemento más que determina la totalidad del film haciendo de la coreografía visual el elemento que conjuga una actuación que raya la mímica, una música que mueve a las emociones, y unos elementos de atrezzo que son tan importantes como los propios personajes. Así, telas, cruces, vestidos, cuadros, ángeles, retablos, arquitectura, mosaicos, vasos y cualquier elemento que aparece en pantalla cobra un significado que, como decíamos, puede que se nos escape dentro del tremendo simbolismo que caracteriza al film, pero que una mirada atenta observa esa transcendencia de tal o cual elemento en el conjunto de la escena, del film.

Resaltar el color, una policromia muy contrastada que sabe jugar con esa misma mezcla característica del film. También valorar toda la técnica para conseguir unas coreografías donde el movimiento nos lleva de la cámara a los personajes o a los elementos de manera indistinta usando el mismo movimiento de los tres que, unidos al infinito trucaje del medio, posibilitan esas danzas donde el poeta habita.